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domingo, 29 de marzo de 2015

VIGO

 
 

Nací en Madrid, pero soy de Vigo.

Con eso está dicho todo y no está dicho nada. Yo mismo lo terminé de entender cuando una bella mujer me susurró al oído esta poesía:

Ondas do mar de Vigo,
se vistes meu amigo?
E ai Deus!, se verra cedo?

Ondas do mar levado,
se vistes meu amado?
E ai Deus!, se verra cedo?

Se vistes meu amigo,
o por que eu sospiro?
E ai Deus!, se verra cedo?

Se vistes meu amado,
por que ei gran coidado?
E ai Deus!, se verra cedo?


En alguna otra ocasión he contado que llegué a Vigo por primera vez con dieciséis años. Un enero de un año remoto. Al bajar del tren lo primero que noté es que Vigo huele distinto y que los colores son distintos a los de mi querido Madrid (Madriz). También sentí miedo a lo desconocido, miedo a una nueva ciudad, miedo a que todo el viaje fuera una decepción o un fracaso. Pero tus piernas se ponen en movimiento y entonces empiezas a percibir un nuevo mundo.

Llegué hasta el cruce de Gran Vía y miré la fea estampa de una calle elevada sobre pilares de hormigón forrados de mil carteles anunciadores que estaban en fase de descomposición. La calle serpenteaba a la altura de los primeros pisos de las viviendas. Inmediatamente recordé el “scalextric” de Atocha. Los dos han desaparecido: uno tuvo un uso intensivo, el otro ni siquiera llegó a inaugurarse. Mal comienzo para mi primer paseo-tránsito por Vigo.

Tenía una cita con la Marina y una hora a la que tenía que encontrarme con ella. Tiempo suficiente para dar una vuelta por la ciudad y empezar a descubrir rincones, calles, avenidas y gente. Pero lo curioso del paseo es que siempre llegabas al mar. Y en la otra orilla la imagen de un pueblo que pareciera que estaba sacado de una lánguida postal de colores desvaídos. Ahí empecé a ver la belleza y a comprender Vigo. Bueno, comprenderlo no es totalmente cierto, es posible que ahora haya empezado a comprenderlo. Comprender el porqué de la nostalgia que tiene un gallego por su tierra, comprender esa aparente tristeza del habla que nunca termina de ser gallego ni castellano. Comprender el olvido de una tierra que no es comprendida por todos y que a la mínima le hacen un chiste sobre una supuesta incultura y lejanía secular. Pero a veces sí es lejana, antes, porque llegar a Galicia era un tormento y casi una aventura, pero ahora porque Galicia se ha hecho mayor y se ha sacudido muchos tópicos hirientes, cosa que era totalmente necesario. También percibo ahora un espíritu más celta, si es que se puede llamar así al arrojo, a su extraño humor y a la capacidad de resistir todos los temporales del mundo, y de eso entienden un poco. También entienden de muchas pérdidas en la mar, del frío que se te mete en los huesos cuando vas a bordo de cuatro tablas y luchas por arrancar un fruto que a veces cuesta la vida. Estos gallegos entienden mucho. Saben que la vida no se la va a regalar nadie, y que, a veces, lo poco que traen a casa no da ni para encender la calefacción.

Bajé por Carral, otra calle empinada en la que confluían otras calles todavía más empinadas. Veía algún barco a lo lejos. Y los olores-aromas de la infinidad de bares y restaurantes me recordaron que tenía que comer algo. ¿Qué comer con las pocas pesetas que tenía? Empanada, juro que no me acuerdo de qué estaba rellena, pero ese sabor me viene acompañando durante muchos años. Coincidí con otros alumnos de la escuela y me uní a ellos. Alguno repetía curso y conocía la ciudad. Nos dejamos guiar por el “veterano”. Como no podía ser de otra manera,  nos condujo hacia la calle de los vinos (Rúa Real). Entramos en un antro donde era habitual el tomar un licor de guindas, que por cierto, era fortísimo. No contentos con el lingotazo nos llevó a otro super-antro. Allí lo que había que tomar era un brebaje que hubiera resucitado a todo el coro de zombies del Thriller de Michael Jackson y los hubiera vuelto a matar de una vez por todas. El licor del infierno se llamaba “tumba”, no sé si porque tumbaba o porque te mandaba a la tumba directamente. O las dos cosas a la vez. En fin, pequeñas anécdotas que seguramente más de un compañero recordará.

Me fui. O me iba o no llegaría nunca a la escuela. Pero en realidad seguía deambulando por las calles, un poco perdido, pero pensando en que me tenía que enfrentar a una realidad que más tarde comprendería que iba a marcar el resto de mi vida.
 
Cogí un autobús -el Vitrasa-, que me dejó cerca de una avenida con árboles. Una avenida que me llevaba directamente a la ETEA. Además me llevaba a un nuevo mundo que no tardaría en descubrir.
 
Bajé y subí muchísimas veces esa avenida. A veces andando, otras corriendo -ya me comprendéis los lectores que habéis estado en la escuela-, pero siempre con la idea de vivir un nuevo día, un día distinto. Pero mi idea no era hablar de la ETEA en esta ocasión, sino de Vigo.
 
A veces creo que Vigo, más que una ciudad, es una idea. Ha sido el telón de fondo de mi vida. Un paisaje y una ciudad que ha visto cómo una persona se transforma poco a poco y en cada transformación ha percibido la ciudad de distinta manera. A veces fue el lugar traicionero donde la amistad se acababa y si esto era así, Vigo se transmutaba en una especie de basurero despreciable. Otras veces encontrabas el paisaje cambiado, como trastocado, como si alguien hubiera pintado un nuevo lienzo encima de otro. Las caras ocultas de Vigo. Pero lo que más retocaba, o añadía, o modificaba el Vigo que conocí fue el amor. Con el amor las calles se modificaban, los trazados de las mismas cambiaban, los rincones ocultos y sombríos se transformaban en sitios de culto. Con el amor el tiempo también se modifica. La percepción de las horas, los minutos y los segundos están a merced de la ley de la relatividad: esperas que alguien aparezca y pasan los minutos convertidos en horas, para que a continuación se conviertan en milisegundos. Hasta que ya no vuelve a aparecer y te preguntas el porqué. Y vives con esto una vida entera.
 
En este punto te das cuenta que tienes que volver a la ETEA, que tienes que volver a tu rutina y piensas que en esas calles empedradas, llenas de musgo y húmedas has dejado algo de ti mismo que no sabes si volverás a recuperar. Entonces te das cuenta que subes y bajas esa cuesta con el objetivo de buscar una respuesta en Vigo. Recorres la ciudad buscando una explicación y las calles te devuelven el silencio, a veces roto por el lamento mudo de marineros sin rumbo.
 

        

sábado, 21 de febrero de 2015

PODEMOS, O NO...

 
 
 
 
No sé si se ha dicho todo acerca de esta formación (o deformación) política, lo cierto es que ha convulsionado el panorama político español. Todos los partidos tradicionales se han sentido, de una manera u otra, amenazados por la merma de sus parroquianos habituales. En otras palabras, les están moviendo la silla y eso les está doliendo. Merecidamente. La parte positiva es que en España una serie de personas han hecho una radiografía del estado económico, político y social en la que han puesto en evidencia una situación insostenible, que no sólo se ha manifestado en la economía nacional, sino que además la corrupción de unos cuantos políticos y no políticos nos han hecho recordar tiempos en los que España era un cortijo para los más privilegiados.

Recuerdo la película "Las bicicletas son para el verano" de nuestro cabreado y querido actor y escritor Fernando Fernán Gómez. La acción se sitúa en el Madrid del "no pasarán", es decir, en la guerra civil. La penuria, la hambruna, la muerte, el odio y todo aquello que hace florecer lo más oscuro del ser humano se daban cita en ese Madrid del 36. La guerra había llegado a todas y cada una de las casas. Hay una escena que bien podría trasladarse a nuestros días: la madre está cocinando unas lentejas "viudas", la cosa no daba para más. Pero dentro de lo que cabe, al menos esa familia podrá comer otro día. Sin embargo, cuando llega la hora de servir las lentejas en los platos respectivos de los comensales, la sopera que contiene el exiguo guiso no alcanza más que para menos de medio plato por cabeza. La madre no se lo explica, no entiende qué puede haber sucedido para que a la hora de servir haya tan pocas lentejas a repartir. Entonces el padre confiesa que él ha pasado por la cocina y ha tomado un par de cucharadas para probar el punto de sal. A continuación el hijo confiesa que ha hecho lo mismo que el padre y así sucesivamente... Creo que la metáfora es representativa, más o menos, de una parte de lo que ha ocurrido en este país. Pero no es todo, porque aunque esta sea la parte  que más daño ha hecho a la credibilidad de los partidos, a los políticos y a las instituciones, no ha sido ni de lejos lo que nos ha hecho perdernos en esta crisis. En realidad, partimos de una crisis mundial que se ha cebado, sobre todo en los países que no tienen un modelo productivo industrial. Otrosí, la incompetencia del PSOE ha alargado la crisis innecesariamente, negándola primero para después tratar de minimizarla con planes pseudoeconómicos ridículos de inspiración keynesiana (Plan "E" = 12.000 Millones de €) que no sirvieron para nada. 
Básicamente soy de derechas (ahora es cuando más de uno cierra el blog y se caga en mis muertos). Y además soy un trabajador (ahora me dirán que estoy loco o que eso es incompatible, o que soy gilipollas). Pues sí, soy de derechas. Porque se puede ser de derechas y ser trabajador a la vez, lo único que tienes que tener claro es el significado de lo que son "las derechas" y lo que son "las
izquierdas".

Venga, las explicaciones. No me voy a enrollar con la revolución francesa y si los estamentos representativos estaban colocados de tal o cual manera en la asamblea. Esto a estas alturas debería quedarse en el imaginario romántico. No, la ideología es algo más que un status o una situación en la jerarquía de privilegio. Tiene que ver en nuestra concepción del mundo y en el orden natural de las cosas. No se trata de tener más o menos dinero. Eso puede venir después. Se trata de entender qué clase de persona quieres ser, de cómo quieres vivir, de qué aspiraciones tienes en la vida, de cómo entiendes tu trabajo. En realidad hablo de libertad. No digo que las personas de izquierdas no aspiren a la libertad, lo que digo es que la derecha y la izquierda parten de supuestos distintos. Mientras que para la izquierda se trata de establecer un orden convenido, puesto que todos tienen que convenir la idea abstracta de la libertad, en la derecha la idea de la libertad se circunscribe a la individualidad, no es una idea pactada es una idea razonada desde lo más profundo del ser humano. Dicho de otra forma, es la libertad de elección que promueve la derecha lo que me da la libertad para, con mi responsabilidad, hacer las elecciones necesarias para vivir la vida que quiero vivir, respetando a su vez la de los demás.

Creo en la democracia (joder, cómo no voy a creer si conocí al innombrable), aunque tenga fallos, aunque me cabree de vez en cuando, aunque tenga que despotricar de los vendedores de humo, aunque, aunque, aunque... Pero de ahí a que un grupo de profesores de políticas me quieran vender un engendro de segunda mano (el experimento ya se ha hecho en Venezuela y mirad el resultado) hay un abismo.

Podemos se ha convertido en un grupo de vendedores de humo. Como buenos (¿?) profesores de políticas, han visto lo que ellos llaman "ventana de oportunidad". El panorama español, esa radiografía de la que hablaba al principio, ha sido su trampolín para aparecer en la arena política. No sólo eso. Han contado con la ayuda de países donde no sé muy bien si los derechos humanos son para ahorcarlos, acribillarlos o fundir a la gente con necesidades básicas. Es más, incluso han ejercido de asesores políticos y no sé cuántas cosas más.
 
Comprendo hasta cierto punto que la gente, en su desesperación, muestre sus simpatías por un partido que dice comprender a los machacados de la crisis. Pero creo que por desesperación no se puede vender el alma al diablo. La historia nos enseñó que una crisis puede dar lugar al fascismo, y el fascismo no tiene ideología política.
 
Hoy el discurso de Podemos (porque del programa no se sabe nada) es el de la recuperación de la "democracia popular" para echar a una casta gobernante que ha saqueado el país, con la excusa de una transición ejecutada por antiguos políticos del franquismo que nos han llevado a vivir una falsa democracia. Esto es lo que los dirigentes de Podemos enseñan en la UCM, y unas cuantas cosas más. Ellos dicen que son la solución para todos los problemas que tiene España. Perdona si no me levanto. Mejor dicho, estos no me la levantan. Y en mi sincera opinión, no nos debería poner cachondos las declaraciones de intenciones de unos profesores universitarios, que están financiados por regímenes totalitarios y que justifican los actos terroristas de la ETA. Un grupo de profesores, que se dicen que son de izquierdas (que lo son), pero que a continuación dicen que en su partido "caben todos los ciudadanos y ciudadanas, sin tener en cuenta su ideología". Blanco y en botella. Joder, lo que quieren es gobernar a toda costa, les importa tres cojones de dónde vengan los votos, lo que quieren es instalarse en el poder y después ya veremos. Y el "ya veremos" es jodido, porque al principio nos la meterán suavemente, pero después van a desplegar el repertorio de 50 Sombras de Grey corregido y aumentado para darnos por culo. Es la misma estrategia que Hugo Chávez desarrolló en 1998 en Venezuela. Porque no nos confundamos, la cúpula de Podemos ha bebido de las fuentes del chavismo y ha tenido como aderezo a Marx y a Engels, que no son malos en sí mismos, pero que se ha demostrado que todas sus teorías al final se corrompen y se mantienen a través del terrorismo de estado. Y vuelta al principio: dictadura de Franco, democracia de la casta y dictadura chavista. Me quedo con la democracia de la casta, al menos, aunque ahora estemos sufriendo una jodida crisis económica, todavía puedo escribir y quejarme con libertad. Después no lo sé, y si no, que se lo pregunten al alcalde de Caracas, que ha sido detenido hoy por oponerse al régimen de Maduro y por conspiración.
 
Nuestra democracia no es perfecta, ninguna lo es, pero es la que tengo. En 1975 nadie daba un duro por nosotros, con muchas dificultades, con muchos pactos, con personas que venían del régimen de Franco (¿y quién no venía?), se empezaron a dar unos pasos que conducirían a una transición de la dictadura a la democracia. Seguro que fue imperfecta, seguro que tuvo muchos fallos, pero para aquéllos que se creen que toda la vida hemos vivido así como vivimos ahora mismo, con libertad, con prensa libre, con derecho de huelga, con derecho de reunión, con libertad para expresar nuestras opiniones, con sindicatos, con partidos políticos, con urnas... os diré que la vida hace cuarenta años era muy diferente.
 
Podemos se queja de que esa transición y esa Constitución nos han traído todos nuestros males actuales (y sé que esto lo enseñan en la universidad). Para ellos la imperfección de nuestra Constitución deviene de la falta de democracia participativa para elaborarla. Para ellos es una mala Constitución. Ellos la modificarán con el consenso del pueblo, dicen. Chávez empezó así, hasta que creó una constitución hecha a su medida para eternizarlo en el poder. Y esto debería asustar a cualquiera, porque veo la transmutación de un líder político en un dictador a la manera del "manual bolivariano", que es lo que tiene Pablo Iglesias como guión de crucero para su asalto al poder (¿o era el cielo?).
 
Estos serían los términos políticos en los que gobernaría Podemos. Los términos económicos, si no fuera por lo serio que es esto, parece sacado de la cabeza de Homer Simpson. Lo peor es que a lo mejor tenemos que volver a limpiarnos el culo con papel de periódico, como lo hacían nuestros abuelos, si es que quedara algún periódico en España. A mí me parece que esta película ya la he visto, creo que la echaron en los cines a mediados de los años treinta, aunque el protagonista no llevaba coleta.
 
De acuerdo, España está hecha unos zorros. No sólo tenemos una crisis económica, además atravesamos una crisis cultural, una crisis educativa, una crisis política y una crisis moral que yo no había conocido nunca. Quizás deberíamos empezar la casa por los cimientos. ¿Qué tal si solucionamos de una vez la educación en España? Pero la de verdad, la que hace que las personas se sientan orgullosas de sí mismas, donde el mérito y no la igualdad (y que no se confunda con la igualdad de oportunidades) sea la llave para sobrellevar las futuras crisis que nos quedan por vivir (porque habrá más, no os quepa la menor duda).
 
 

miércoles, 18 de junio de 2014

EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO


       Estamos en pleno verano. Al final de la tarde se adivinaba que la noche sería impracticable para dormir. De todas formas me acosté y comencé mi personal vía crucis hacia la inconsciencia consciente de mi conciencia. Pero sabía que era una batalla perdida de antemano, no llegó el sueño ni los sueños que tanto necesitaba.
 
       Notaba cómo mi espalda poco a poco se humedecía de un sudor al que no había invitado. Una vuelta, otra vuelta, todas las vueltas. En ese momento me vino a la memoria que en la noche de Reyes, me era imposible dormir esperando los regalos que había pedido previamente por carta, una carta adornada con motivos navideños, que no tenía sello y que no sé cómo demonios llegaría a sus destinatarios. Otro sueño roto.
 
       Me incorporé, la sábana se incorporó conmigo pegada a mi espalda. Desagradable. Afuera había una riña de gatos disputándose a una gata escurridiza. Pero hubo ganador -y ganadora-. Giré mi cuerpo y me quedé sentado al borde de la cama. Necesitaba saber cuál de los dos gatos había ganado su trofeo. Asombroso, otro gato, escuálido, curtido en mil batallas y sin sacar una sola uña se había camelado a la gata cachonda y se la llevaba a merendar chocolate con churros -y lo que surgiese-. Ver para creer. Mejor no.
 
       Me asomo a la ventana y apoyo mis codos en el alféizar. ¡Niño, los codos no se ponen encima de la mesa! Es igual, ahora no me ve nadie. Nunca me ve nadie. Ni siquiera tengo reflejo en el espejo. Tengo los codos desollados de apoyarlos tantas veces en la mesa y en los alféizares de las ventanas de mis noches en vela. De apoyarlos contra las sábanas mientras hacíamos el amor y teníamos como espectadores a unos gatos callejeros que pasaban por ahí. Son curiosos estos humanos, antes de copular no pelean, le quitan toda la gracia al acto. No sé dónde vamos a llegar. Vámonos.
 
       Pasan coches con las ventanillas abiertas y con la música a toda hostia. No tengo suerte, es bacalao. Si pasara alguno con un cedé de Mhaler... La muerte en Venecia. El Lido. Carabanchel. Ya no hay cárcel. Dirijo mi mirada hacia el horizonte oscuro -me da vergüenza mirar a las estrellas esta noche-, pero sólo veo el reflejo de la luna en el mar, perdón, quiero decir las luces de las farolas alumbrando las bellas calles asfaltadas, plagadas de sumideros que huelen a agua de rosas...
 
       Bajo la mirada, una pareja de viejecitos se están metiendo mano en el portal de enfrente, unos jóvenes pasan a su lado y les recriminan su descocada conducta. El viejo, peineta en mano, saluda al tendido. Los jóvenes escandalizados comentan que no saben dónde va a llegar este mundo y a continuación teclean, con el único dedo útil que les queda, un teléfono de treinta y dos pulgadas.
 
       Me apetece dar una vuelta con mi barca de vela por la plaza. No hace viento ninguno. Tendré que soplar un poco, me da miedo por si provoco un maremoto. Mejor lo dejo para otro día. Lo dejo para otro día u otra noche. Otra noche. Necesito noches, pero a tu lado.
 
       Sigo mirando la calle. Es un Broadway, pero a lo grande, nada que ver con la birria de los americanos. Ellos no saben hacer tortilla de patatas. Los alemanes tampoco. Yo sí. Unos chicos hacen gastronomía creativa con una cocina portátil -ya no se lleva hacer botellón, además multan-. Los platos que preparan sólo son visibles con microscopio electrónico. Deben de estar muy buenos porque se les está poniendo cara de gilipollas. Me gustaría probar su cocina creativa y regarla con un buen vino o con una buena manguera. Aquí no llega, la manga riega. ¡Joder si llegaba!
 
       Se me va quitando la vergüenza y alzo mi mirada hacia las estrellas. Inundan de luz mi habitación y crean sombras con vida propia. Negra sombra que me asombras. Te necesito Rosalía. Te necesito.Voy a refrescarme la cara. Asombroso, ya me reflejo en el espejo, ¡joder! si soy una cebra con rayas blanquiazules. Eso es que soy una cebra del Tenerife. Una vez ganó al Real Madrid y le hizo perder una liga. Luego la encontré yo en la pierna de mi amada y no se creía que no fuera de ella. Ver para creer. Mejor, no.
 
       No sé cómo, pero me acabo de despertar. He dormido y todo era un maldito sueño o ¿era un bendito sueño? La ventana abierta, los primeros rayos de sol inundan la estancia -creo que así empiezan muchas novelas y la mía también-. Ahora no hace calor, ahora da gusto remolonear hasta que me levante. Me doy la vuelta y mi cara y mi boca y mi todo está tocando una masa de pelo blanco. ¿Qué es esto? Poco a poco la masa de pelo blanco se gira y me mira con unos ojos que tienen pupilas elípticas. Además tiene una nariz sonrosada de la cual surgen a ambos lados uno largos bigotes, y más arriba unas orejas puntiagudas y un apéndice que juguetea.

       De un brinco me pongo de pié, quiero decir a cuatro patas, y doy gracias de que todo esto era una pesadilla. Doy gracias de que mi amada esté a mi lado y doy gracias de no ser una persona, sino un puto gato. Malditos sueños, malditas pesadillas... pero algo tiene Rosalía que me gusta...

miércoles, 26 de marzo de 2014

LA DICTADURA DEL ABURRIMIENTO

LA DICTADURA DEL ABURRIMIENTO
 
Me está doblegando, a base de aburrirme, esta sociedad llena de hampones, tragalangostinos, defensores de los trabajadores a tiempo parcial (el resto del tiempo ya sabemos lo que hacen), políticos analfabetos, indignados "progresistas" (¿por qué son siempre de "izquierdas"?), de salvadores, de independentistas engañados y perfectamente adoctrinados.
Me aburren los medios de comunicación y sus comunicadores que me hablan de injusticia, de igualdad,... de corrupción y después vuelven a su casa de Las Rozas o de Somosaguas.
Me aburren los actores que condenan al gobierno que toque, si no reciben sus subvenciones con las cuales realizan sus bodrios que nadie es capaz de ver.
Me aburren los que tergiversan la historia o la ocultan para que nuestros hijos crean que nuestro país era una unidad de destino en lo universal, o para que nuestros hijos crean que la segunda república española era el paraíso de la democracia.
Me aburren todos aquéllos que viven todavía sumidos en la guerra civil española.
Me aburren todos aquellos catalanes que creen que me levanto con ganas de joderles un poco la vida y todos aquellos catalanes que creen que están pagando más impuestos que yo.
Me aburre Felipe V
Me aburre Rajoy, me aburrió (y me jodió) Zapatero, me aburre Artur Mas, me aburre Miguel Ángel Revilla que va de honrado presidente por las televisiones y saqueó Cantabria...
Me aburre el G-8...
Creo que me voy a emborrachar, sólo por hacer un poco más llevadera esta tarde de mierda.

miércoles, 12 de marzo de 2014

ONDAS DE LA MAR



Dedicado a todos los marinos que no están y que navegarán con nosotros para siempre en nuestros corazones.




        Apenas voy a decir nada, la música lo dice todo y quizá algo más...sólo es cuestión de preguntar: ¿Viste a mi amado? ¿Viste a mi amigo? ¿Viste cuántas personas se ha llevado las olas que amamos?
¿Tanto hay que tributar a las tempestades? ¿Tanto se debe a las fuerzas invisibles?
 
        Por qué tanto dolor si no sangro, ¿necesitabas tantas almas? y ¿dónde está la mía? Puede que con ellos, puede que con ella. Búscame en la mar. Pero si no me ves, no te preocupes, las olas me han dado su mano, ya me llevan, ya soy mar.

 

Ondas do mar de Vigo,
se vistes meu amigo?
E ai Deus!, se verra cedo?

Ondas do mar levado,
se vistes meu amado?
E ai Deus!, se verra cedo?

Se vistes meu amigo,
o por que eu sospiro?
E ai Deus!, se verra cedo?

Se vistes meu amado,
por que ei gran coidado?
E ai Deus!, se verra cedo?
 
 

viernes, 7 de marzo de 2014

SÁLVAME DELUXE (ESPAÑA EN OTROS TÉRMINOS)

      Desconozco el porqué del nombre de este programa de televisión que triunfa todos los días por la tarde y también algunas noches. Yo creo que triunfa porque en realidad ha sustituido a las antiguas reuniones de vecinos que tenían lugar a la puerta de las casas, cada uno con su silla y tomando el fresco en las noches veraniegas. Cuando éramos niños, esto nos servía de excusa para estar un poco más en la calle jugando y exprimiendo lo que quedaba del día. Mientras tanto, los mayores hacían el repaso de las noticias vecinales, nacionales e internacionales. Todavía, no se llevaba el tomar  gin-tonics con pepino. El alma de esas pequeñas reuniones era la conversación, de cara a cara y sin artilugios que tuvieran que estar recargándose constantemente a una fuente de electricidad. No existía nada de lo que ahora hemos tomado como imprescindible en nuestras vidas; no Facebook, no móvil, no Tablet, no twitter, no ordenador ni google-glass. Puede que haya muchas diferencias con nuestra realidad presente, o no...

      De esos años hasta ahora han sucedido muchísimas cosas en España (en toda España). Que yo recuerde más o menos; en 1969 un estado de excepción, en 1970 murió mi padre, en 1972 empecé a trabajar (con doce años), en 1973 un señor del gobierno voló muy alto en la calle Claudio Coello, el 10 de octubre de 1975 me obligaron a ir a la plaza de Oriente a apoyar a un señor muy mayor con gafas de sol, en 1975 se murió ese mismo señor, en 1976 se empiezan a ver tetas en las salas de cine (yo todavía no tenía permitido verlas), en 1976 me enrolo en la marina (16 añitos), en 1976 me quitan las revistas que tenía en mi taquilla ("Cambio 16"), en 1977 hay elecciones generales, en 1977  asesinan a 5 abogados en Atocha, ETA mataba como siempre, en 1977 embarqué durante un año, en 1978 se aprobó una nueva Constitución, en 1979 vuelvo a Vigo a estudiar, en 1979 me enamoro perdidamente, en esos años todos los franquistas son "demócratas de toda la vida", en 1979 pierdo a la mujer de la que estaba enamorado, en 1980 Ubú es nombrado president de la Generalitat (desde entonces a Boadella no le tienen muchas simpatías los mangantes de su misma tribu)...

      No terminaría nunca, pero creo que hay dos hechos que debo destacar de aquel pasado: conocí al amor de mi vida y se reinstauró la democracia.

      Trufando todos estos hechos y muchísimos más que ahora mismo no me da la gana de enumerar, que además no me acuerdo y que además no tengo ganas de consultar en Google, hemos sufrido varias crisis económicas.
 
La crisis del petróleo en 1973 fue la hostia, aunque ya casi nadie se acuerda. Hubo otra en 1992 cuando aquí ya se estaba desinflando la fiesta de las olimpiadas (Cobi, perrito aplastado, no te echo de menos) y de la Expo de Sevilla. Y ahora tenemos instalada e institucionalizada otra crisis desde 2006 más o menos. Y en una situación de crisis lo peor y lo mejor de la sociedad sale a relucir, de hecho se nos ha estampado en la cara una realidad de la que nos creíamos ajenos.

      Porque mientras todo iba "bien", nadie se preguntaba cómo ciertos políticos que iban en un Seat Ibiza, de la noche a la mañana sientan su culo en un coche de súper lujo. Nadie se preguntaba cómo era posible que un trabajador poco cualificado viviera en una casa de 300.000 euros. Nadie se preguntaba el porqué del descenso en la escolarización de nuestros jóvenes. A todo el mundo se le caía la baba cuando veía en la tele al triunfador de turno encaramado en un yate, afirmando que babor estaba a la derecha y estribor era la caña del timón. Donde la conversación se había reducido a discutir si la última desestructuración del cocido madrileño era una genialidad del genio genial de Ferrán Adriá.

      Pero algo debía estar pasando. Algo estaba pasando. De la ilusión por un nuevo país, con democracia, con libertad, con autonomías (mal administradas, pero mejor saqueadas). Lo que pasaba y lo que está pasando es que nos creíamos que tener democracia, que ser demócratas consistía en echar un par de sobres en una urna cada cuatro años. Pim pam pum fuego. Ahora ya no hay tantos bomberos para apagar el fuego.
 
     ¿Por qué hemos llegado a esto? Porque la crisis económica, no es sólo económica, es además un resumen de lo que somos los españoles (aquí hay que incluir a vascos, catalanes y gallegos): los españoles somos un compendio de maldades y de ignorancia, donde cualquier vendedor de mantas zamoranas que sepa juntar cinco palabras nos sirve para erigirlo en presidente del gobierno. Y ya está, hasta dentro de cuatro años no vuelvo a usar la democracia...
 
     Lo malo es que nos roban la cartera. Si la roba el partido en el gobierno que hemos votado, no pasa nada, pero si la roba el contrario me van a faltar cadenas de televisión para denunciarlo. Y como estamos en una partitocracia, dentro de cuatro años el ciclo se repite.
Da lo mismo que sea el gobierno central o el gobierno autonómico de turno, todos están de acuerdo en que la política es un medio para conseguir los objetivos personales que se han marcado en su trayectoria vital, es decir, vivir a lo grande, grande, grande a costa de los ciudadanos que los han elegido. Se pondrán muy en su papel de salvadores de la patria, pedirán sacrificios, reclamarán independencia del estado opresor (algunos), otros harán juicios éticos que ni ellos mismos se los creen y otros tendrán preparada la daga para apuñalar a todo lo apuñalable. Y nosotros seguimos mirando al cielo a ver si llueve (menos los gallegos).
 
     Vivimos en un país donde la democracia la han comprado los bancos. Nada sucede por casualidad, y esta crisis es la demostración tozuda de que si vamos a seguir siendo españoles o lo que seamos, más nos vale que empecemos a preguntarnos qué es la democracia, para qué sirve y qué es lo que podemos aportar desde la individualidad para que este país deje de ser el "Spain is diferent". Mientras tanto, no nos vendría mal que nos leyéramos los programas electorales de los partidos políticos, analizar el porqué los políticos quieren llevarnos por sendas de difícil retorno y buscar en sus trastiendas lo que nos ocultan. Claro que, para hacer todo esto, también deberíamos dejar de ver el "Sálvame", aunque sólo sea por higiene mental.
 

martes, 28 de enero de 2014

LA HABITACIÓN DE LOS CALEIDOSCOPIOS


     Se hace muy difícil hablar para no se sabe quién, de cosas que han marcado tu vida. A veces no sabes si vas a hacer daño o si el daño ya está hecho. Y lo peor es descubrir a tu edad que la vida que tienes es producto de una distorsión de la realidad. De una realidad mal entendida, de un destino que, finalmente sería la consecuencia lógica de mi vida.

     También se puede añadir que no saber interpretar una mirada a tiempo puede dar lugar a un malentendido para siempre.

     En cualquier caso, la ocultación de la verdad fue el telón que cerró la posibilidad de una vida muy diferente a la actual. Solo puedo entender el pasado desde la perspectiva de un cariño mal entendido. O de la falta de escrúpulos por mantener una cómoda situación que estaba condenada al fracaso desde el principio.

     No puedo comprender el egoísmo desde la mirada de una madre. Pero se entiende. Quizá por eso llevo tratando toda mi vida de concienciarme de que las vidas de mis hijas no son de mi propiedad. Que ellas han nacido libres y libres tienen que abandonar este mundo. Las he guiado, las he ayudado, pero son ellas las auténticas depositarias de su propia libertad. Y en esa libertad se equivocarán, fallarán...y se levantarán.

     Eso es lo que me hubiera gustado para mí. Pero mi madre y el destino se encargaron de truncar lo que más amaba en el mundo. Es duro saber ahora. Es duro conocer la verdad ahora. Es terrible imaginar que había una vida que corría en paralelo con la tuya, que era esa vida y no otra la que tenías que haber vivido. Lamentarme. Tengo todo el derecho del mundo a lamentarme. Tengo todo el derecho del mundo a arreglarlo, aunque sea difícil.

     Uno se puede volver loco sólo de pensarlo. Encuentras por enésima vez a la persona que tenía que compartir tu vida y descubres un pasado lleno vilezas en el seno de tu propia familia. No bastó con ayudar, con comprometerme con el bienestar de mi madre, además quería subordinar mi libertad con la de ella. No bastó con manipularme, con ocultarme y con distorsionarme la verdad. No. Además me quería a su lado por encima de mis sentimientos. Por eso me ocultó la verdad. Por eso tu mirada la confundí. Por eso no encajaba ninguna pieza del rompecabezas del pasado hasta ahora. Ahora. El ahora duele, sobre todo porque ha pasado una vida y no hay manera de recuperar mi juventud perdida y ahogada en el alcohol de mi propia desesperación.

     Cuando desapareció, cuando me la desaparecieron, busqué en mi propia histeria una salida autodestructiva que te devolviera a mí. Y buscaba en un vaso o en otros ojos tu mirada confusa. A veces ya ni te buscaba, sólo eras una imagen distorsionada del amor que sentía. Del amor que siento. Del amor que me duele.
 
     Sin embargo, sucedió que hice una elección. Una elección que me está costando la vida. Porque ella no tenía la culpa de nada, y también me siento culpable de una vida realquilada. Así pues, aunque trate de justificar comportamientos de toda índole, el único culpable de esta situación soy yo. Siempre yo. ¿Y ahora qué?
 
     Ahora sólo queda la hora de los valientes. ¿Eres valiente? ¿quieres saber la verdad? ¿la verdad te hará más libre? o ¿la verdad te hará más desgraciado?
 
     Demasiadas preguntas, tú no estás preparado para saber la verdad. De hecho, no quieres saber la verdad, entre otras cosas, porque tus certezas en realidad, sólo son dudas. Tú no tienes la culpa de esta situación, pero debes saber que al amor y al corazón no se le puede engañar. Que la realidad actual es el sueño de una noche de verano que se ha extendido hasta hacernos envejecer en un sueño caleidoscópico de múltiples formas. Una forma es ésta: No querer saber cuál de las formas es la real. Pero tienes una opción: preguntar. Pregúntame y te lo diré. Al menos un corazón descansará. ¿Te atreves?

miércoles, 18 de diciembre de 2013

MI PADRE Y MI PRESENTE



Todo lo que nos sucedió en el pasado, tiene su reflejo en el presente. No es una casualidad. Unos lo pueden llamar destino, otros lo llamarán azar o suerte, es igual... la vida es una sucesión de hechos que te conducen a un presente, con la mala leche que si en el pasado no hiciste lo que tenías que hacer, tarde o temprano tendrás que terminar lo inacabado.

Recuerdo que mi infancia era placentera y casi determinada para conseguir cualquier cosa que hubiera querido mi padre. Él tenía los medios y la voluntad. Su pasión eran sus hijos, por ellos lo daba todo, lo dio todo. Todo el tiempo que pudo, todo el tiempo que le permitió la vida.

Me es casi imposible enumerar la cantidad de momentos, de paseos, de lágrimas que pude vivir con él. Me acuerdo sobre todo de los domingos por la mañana, cuando atravesábamos el Manzanares y paseábamos por la ribera. Recuerdo cómo me apretaba fuertemente mi mano. Recuerdo su calor. Recuerdo que me contaba cosas, pero no recuerdo qué cosas eran. Recuerdo su cara de felicidad cuando nos veía abrir los regalos del día de Reyes.

Eran los años sesenta. El turismo se afianzaba en España. Los españoles compraban "seiscientos". Nosotros teníamos un "seiscientos". En el seiscientos cabía toda una familia, aunque el motor se recalentara cada dos por tres. Los viajes eternos. Los viajes llenos de canciones. En esos años yo no oía a los mayores hablar de crisis, sólo de estrecheces.

Mi padre era una mezcla de severidad y ternura. No permitía suspensos y si suspendías mas valía que tuvieras una buena excusa: no había excusas. Ahora le recuerdo y entiendo su afán porque nos formáramos, porque consiguiésemos ser "algo" en la vida. Pero la vida no le dejó ver nuestras vidas. Ni nosotros sabríamos nunca hasta dónde hubiéramos podido llegar.
 

Era contable, de los de "antes". Muchas veces me llevaba a la oficina y le veía cómo y a qué velocidad hacía operaciones matemáticas. Me hipnotizaba el murmullo incomprensible que iba al ritmo del lápiz: sumas kilométricas, donde tenía que "llevarse" treinta, cuarenta, cincuenta. Divisiones con dividendos, divisores, cocientes y restos de dimensiones colosales. Reglas de tres, reglas de meras, libros contables con números preciosos, con hojas limpias, con caligrafía bellísima. Y él quería inculcarnos esa perfección.

El 30 de noviembre de 1970 se acabó todo. En la confluencia de la avenida de Oporto con la avenida de Abrantes se interpuso la muerte. En ese maldito "seiscientos" íbamos mi madre, mi padre y yo. De pronto un fogonazo de luz me deslumbró y un sonido metálico atronó en mi cabeza. Mi madre no se movía, un hilo de sangre se deslizaba por su cara. Mi padre no tenía ninguna herida visible, eran las heridas invisibles las que fueron mortales. Milagrosamente, yo no tuve ni un sólo rasguño (aunque seguramente alguien en estos momentos se alegraría de que no hubiera salido vivo). Mi único afán en esos momentos era "despertar" a mis padres, pero no abrían los ojos, no decían nada, sólo sonaba el silencio de la puta muerte.

Llegó la ruina a la familia. Con doce años me puse a trabajar, ya no había lugar para estudiar, sólo para traer dinero a casa. Y ahora sí, ahora vino la crisis del petróleo: sin estudios, sin trabajo, sin futuro.

La vida es muy extraña: la muerte de mi padre me llevó a un destino inimaginable. En 1976 ingresé en la marina. Harto de dar bandazos, decidí que una buena opción para estudiar una profesión era alistarme de alumno. También podía ganar dinero. Era perfecto, a la fuerza tenía que ser perfecto.

En 1977 llegué a Vigo, a la Etea. Por fin pude reiniciar lo que un día tuve que abandonar. Tenía diecisiete años y los estudios llenaron mi vida. Vigo llenó mi vida, y todavía tendría que llenarla más.

Embarqué un año y volví a la escuela. Más estudios, más compañeros, más disciplina y un poco más de todo. Pero era feliz, de perder toda esperanza sobre mi vida y mi futuro, pasé a tener, aunque fuera inocentemente, un resquicio de luz.

Y ahora viene la paradoja: la muerte de mi padre sirvió para que conociera al amor de mi vida, de toda mi vida.

Eran las vacaciones de Semana Santa del 79. El expreso "Rías Baixas". Departamento de primera clase. Destino Madrid. Toda una noche de viaje por delante. Cuatro pasajeros: un hombre de mediana edad, un chico de unos once o doce años, una chica de quince y yo. La chica y yo quedamos enfrente, nos miramos y apenas hablamos al principio. Pero empezamos a hablar; el chico de lo que le gustaban los coches (sobre todo, grandes) y nosotros hablamos de todo; de nuestra vida, de nuestros padres, de lo que hacíamos y de lo que no hacíamos... Poco a poco algo fue prendiendo en nuestro corazón. La conversación fluía sin necesidad de buscar un tema, hablábamos de todo y hablamos de sentimientos, de nuestro interior, de nuestros miedos y de nuestras ilusiones.

Si al principio del viaje estábamos uno enfrente del otro, a la mitad del mismo ya íbamos uno al lado del otro. Y un poco más tarde nuestros dedos se entrelazaron. Y un poco más tarde nos dijimos todas las palabras de amor de las que éramos capaces de pronunciar. Fue mi primer amor, el que marcó toda mi vida.

La mañana nos trajo Madrid, y también trajo nuestra primera despedida. En ese momento no sabíamos si nos volveríamos a ver de nuevo, pero otra vez el destino insistió con nuestras vidas: días más tarde nos encontramos en una parada de bus, en Pontevedra. El corazón dio un vuelco y esas "mariposas en el estómago" de las que tanto se habla, ese día se volvieron locas, como kamikazes enamoradas.

A la primera despedida le sucedió otra, sin despedida, sin explicación. O la explicación era nuestra puta juventud. Y vino el primer dolor. Un dolor inexplicable que te envuelve y del que no hay remedio para mitigarlo.

Pasó el tiempo, pero no el dolor. Buscaba una pequeña explicación, algo que me hiciera comprender el porqué de esta separación. Ya me había marchado de la marina y me quedé en Vigo. Y sólo quería encontrarla. Sin trabajo, sin dinero y pasando un hambre de mil demonios, deambulaba por su calle: esperaba que algún día apareciera. Todas las noches el mismo recorrido, todas las noches la misma cuesta, todas las noches el mismo frío...pero nunca más la volví a ver. Decidí que ya era hora de acabar con todo. Un día, frente a la ría de Vigo, en un coche y armado con un paquete lleno de muerte cerré los ojos y dormí.

Cuando desperté, estaba en el servicio de urgencias. Un dueño del coche insistía en despertarme, pero no pudo. Sólo acertó a llevarme al hospital.

Volví a Madrid derrotado. Vigo me había derrotado. El amor me había derrotado. Y sólo veía ruina a mi alrededor, la mía.

Dicen que el tiempo cura las heridas, pero es mentira, las heridas del corazón nunca se cierran. Pasó el tiempo y una llamada de teléfono revolucionó el mundo, mi mundo. Era ella, estaba hablando con ella. No podía creerlo, de pronto la memoria y los sentimientos se aceleraron  en mi interior. Lo que hoy era oscuro se había vuelto blanco. Verla de nuevo en 1983, fue una de las mayores alegrías de mi vida. Y volvimos a reencontrarnos, volvimos a nosotros mismos, volvimos a vivir el amor como nadie puede imaginarse ni tan siquiera una mínima parte. Seguíamos siendo jóvenes, éramos fuertes, teníamos todo lo que hubiéramos querido soñar... pero quizá también teníamos miedo.

Un accidente gravísimo ocurrió en 1985. Su hermano me llamó por teléfono y creí en ese mismo instante que me moría. No podía ser, no me lo creía. No estaba preparado para este golpe. La mujer a la que amaba estaba en un hospital de León. Llegué de madrugada a su lado y sólo me dejaron verla escasamente 10 minutos. Le salía un tubo por el pecho, una pierna rota y no sé qué más...me hubiera gustado decirle en ese momento que no se preocupara, que estaba a su lado, que saldríamos adelante, que la amaba como no se puede amar más. Pero no se lo pude decir...

En nuestra última separación, la peor, la más dolorosa, nos perdimos. Nuestros ojos se hablaron de forma equivocada. Interpretamos palabras que en realidad no nos dijimos, porque supongo, que en realidad no queríamos decirnos adiós.
 
Años más tarde supe que me llamó muchas veces y supe también que me ocultaron sus llamadas. Hoy, mi madre no tiene flores en su tumba.
 
Hoy sigue mi corazón con las mismas heridas del pasado. Hoy sigo esperando a que el destino me reparta otras cartas. Aunque bien mirado, el destino soy yo. La lucha no ha acabado, por amor hay que luchar hasta la muerte, no se trata de luchar contra otros, sino de luchar contra nosotros mismos
. Y esto es amor.




jueves, 12 de diciembre de 2013

EMPATÍA DOMINGUERA


Ha llegado el fin de semana. ¡Por fin! La gente se dispone a disfrutar de unas cuantas horas libres, después de una, quizá, agotadora semana de trabajo -para el "privilegiado" que lo tenga-. Planes: alguna cena con los amigos, alguna barbacoa, alguna siesta, algún "no me muevo del sofá", alguna reunión con los colegas, algún "me voy de caza", algún "me voy a jugar un partido", algún "voy a echar una partidita al mus", algún "me voy de pesca"...     
 
Todos los fines semana igual. Pero los fines de semana... ¿Para quién, para él, para ella?
 
Los hombres debemos reconocer que toda la vida hemos sido unos privilegiados, no hemos hecho ni las malas en la casa, no hemos movido un dedo por echar una mano en las tareas del hogar. Ni lo hemos hecho, ni lo hacemos. Es más, hay incluso una raza de hombres que son unos negados hasta para coger un destornillador y hacer una mínima reparación casera a nivel de parvulario. Quizás es porque son "intelectuales de salón" o "progres renuentes a trabajar con las manos" o ni siquiera eso. Cualquier cosa antes que coger un trapo y limpiar el polvo o echar una lavadora.
 
¿Para qué? Si ya tengo a mi pareja que lo hace. Por supuesto, no lo expresan así, pero lo viven así. La justificación siempre es la misma: "así me educaron mis padres, aunque trato de cambiar". ¿De cambiar? ¡Ja! A lo más que llegamos es a dar la vuelta a las pancetas, costillas, chorizos y butifarras que tenemos en la barbacoa. En eso consiste nuestra empatía doméstica. Y para de contar. Eso sí, el polvo -no el que hay que limpiar en la casa- del sabadete no lo perdono.
 
 Pero todavía hay algo más acojonante o alucinante: ¿Qué pasa cuando trabaja el matrimonio fuera de casa? Pues eso, que las cosas siguen sin cambiar. Lo que ocurre es que en este caso es más, si cabe, desesperante -me atrevería a decir humillante- para la mujer. Porque en este caso, y esto en esta sociedad es lo más normal, la mujer tiene que asumir y sufrir dos roles: trabajadora fuera de casa y trabajadora dentro de casa. ¿Y el marido? y el marido ni está, ni se le espera. Porque hay que reconocer que nuestro cerebro no ha asumido el cambio bioquímico que hace interiorizar, sin ni siquiera tenerlo que pensar, que la vida en común no son sólo besos, abrazos y polvos más o menos afortunados. Nosotros no estamos todavía preparados para esto. En esto todavía no nos han sacado de Atapuerca.
 
Creo que hay algo peor que todo esto. Es cuando reconocemos la valía de nuestra pareja, pero somos incapaces de cambiar. Porque en el fondo NO QUEREMOS CAMBIAR. Es tan cómodo ir al armario y coger una camisa extraordinariamente bien planchada, es tan agradable ir a la ducha y no encontrarte un pelo de dudoso rizo, es tan placentero tener la comida preparada, es tanto el placer que produce sentarnos en el sofá y observar que todo está reluciente... Claro, cómo vamos a cambiar.
 
Se nos llena la boca de tantas buenas palabras, de lo majo que dicen que somos, de la simpatía que irradiamos, que en el fondo pensamos que lo estamos haciendo de puta madre. Ése es el problema: nuestra revolución cultural interna no ha permeabilizado en nuestras ideas y por consiguiente, en nuestros hechos. Decimos que mujeres y hombres somos iguales, pero somos tan sumamente desgraciados y aprovechados que enseguida cambiamos de conversación. A otra cosa. Decimos que no somos machistas, pero lo somos. Somos incluso más machistas que nuestros padres, porque ellos vivieron una época que precisamente enseñaba a ser machista, por las buenas o por las malas. Ahora ya no tenemos disculpa, ahora no.
 
Mientras tanto, yo aconsejaría y animaría a las mujeres a hacer una revolución doméstico-sexual: a partir de ahora que se planchen ellos las camisas. Que se queden ellos limpiando en casa. Que cocinen ellos. Y que si quieren follar-hacer el amor-echar un polvo, que espabilen o lo más excitante, sexualmente hablando que van a tener, son sus cinco deditos juguetones "en busca del arca perdida", perdón, quería decir en busca del polvo perdido.

Nos quedan muchísimos años  para empezar a asumir la responsabilidad que nos toca en el ámbito doméstico. No se trata de pensar mucho en lo que tengo que hacer, sino en que tengo que empezar a hacerlo ya, en este mismo momento. Y además, en transmitir este valor a mis hijos. De lo contrario, no tendremos a nuestra pareja a nuestro lado, sino en otra vida en la que piensa que todos los momentos de ausencia, han sido en realidad momentos de servicio pseudomedievales para el señor, perdón, quería decir para el cabronazo explotador del castillo.
 
Esto no es feminismo, esto es ponerse en lugar de la pareja. A esto lo llaman empatía.    

miércoles, 13 de noviembre de 2013

VIAJE A ÍTACA




     Alguna vez avisté la costa de Ítaca (casi la toqué con los dedos), y os puedo asegurar que querer adelantar el regreso es lo más terrible que le puede suceder a una persona. Pero cuando tu viaje te ha ennegrecido el alma, cuando crees que el amor te ha olvidado, cuando en tu viaje no has visitado ni una ciudad de Egipto, ni has comprado los perfumes que debías comprar y sólo has tenido la compañía de cíclopes y de Poseidón, el viaje se torna en amargo, lleno de marejadas y malos vientos.
 
 
      Cuando emprendí el viaje, que en principio era una hermosa aventura, no sabía nada de los cielos grises que amenazan los corazones, como si éstos pudieran influir en el camino. Nada más alejado de la verdad: la verdad es que cada una de la inclemencias del cielo perturban la paz de la travesía y del alma.

     Así, cuando recalas en un puerto maravilloso y hallas la felicidad y el amor infinito, sólo deseas realizar el viaje interminable junto al amor de tu vida.

     Hubiéramos podido tocar el coral, ver irisar la madreperla, oler los aromas más excitantes, recalar en Fenicia y admirar el arte de las vidas. Pero hay muchos caminos para llegar a Ítacas y decidimos recorrerlo por separado; supiste realizar el viaje y te despojaste de tu Poseidón, pero no era yo, era nuestra juventud. Tu barco entonces prosiguió el viaje, creyendo que los cielos siempre serían azules.

     El viaje era sencillo, libre de obstáculos, pero quizás demasiado rápido. No habías podido disfrutar en plenitud de los aires de las nuevas ciudades, el alma estaba en paz, pero la memoria se obstinaba en recordarte el aroma imposible que dejaste atrás. Y el viento, que es más rápido que la nave, te recuerda que estás haciendo un viaje incompleto. Suerte. Tienes que volver. Y vuelves. Como si a Homero no le hubiera gustado la estela de tu barco y tuvieras que reescribir otro viaje. Una suerte de realidad paralela.

     Poseidón, vengativo, te engaña y te hace creer que lo tenías todo. Y nada. El alma te avisa de una manera tan sutil, que a veces se confunde de alma, y de puerto, y de mar, y de miradas...

     Viras la nave suavemente porque el viento al pasar entre las rocas recita poemas de poetas antiguos y descubres en ellos otra manera de hacer el viaje.

     Porque el viaje, aunque era importante, no dejaba detenerte por mucho tiempo en algún puerto.
 
   
     Y yo estaba en un puerto con un navío y sin mar. Harto de caminos y sendas. De voluptuosidades baratas y de mañanas caras. Y en cada pecho reconocía el tuyo, en cada mirada veía tus ojos, concadacintura que se aproximaba a la mía, tu cintura me quemaba en el recuerdo. Cada cada copa derramadaen mis entrañas me alejaba de mi mar. Cada beso que no depositaba en tus labios, se perdía en la oscuridad de mi alma. Y la rabia, la condena, la oscuridad me aproximaban a Ítaca.
 
     Cuando Zeus nos separó, creyó haber reparado los errores del pasado: todo en su sitio; son distintos, son iguales, son. En realidad, son.
 
     Largo amarras, izo velas y me sitúo a barlovento. Vientos suaves, entremezclando el aroma nunca olvidado y en pos del viaje perfecto. El pelo encanecido, pero rebelde. Un último aliento para respirar la libertad escondida. Quizá escondida en Fenicia, quizás escondida en la conexión interrumpida de mis axones. No encadenas tu cuerpo, encadenas la idea de ti mismo a la percepción del fracaso de los fracasos. Y te dejas hacer porque no hay nadie que te manumite: pierdes, ganas y vuelves a perder.
 
     Pesa esta cadena y confías en que se disuelva con la espuma de mar de la roda de tu nave. Camino que haces con la esperanza de una tregua que te dé la vida. En el horizonte se dibuja la silueta de Kavafis, acompañado de listrigones, cíclopes y Poseidón. Y una pluma que te ponga en tu sitio y una espada que descabece el olvido.
 
     Ahora sí, ahora quieres que el viaje sea largo, pero no para ti, sino para anular la maldición de Zeus. Se dibuja una sonrisa en las almas; no temen, no lloran, no hay nostalgia, no hay pasado... Zeus está vencido.
 
     No más luchas interiores, no más tiempo malgastado, no más gente dubitativa, no más mediocridad, no más rebaño, no más sangre, no más sensatez, no más Ítacas. En realidad, odio a Ítaca porque es el fin de los sueños.
 
   







miércoles, 2 de octubre de 2013

CARTA A MI HIJA




     Hace ya una semana que te marchaste. Parece una eternidad y, sin embargo, son sólo siete días, ciento sesenta y ocho horas, diez mil ochenta minutos...   
 
     Vuelvo la vista atrás y te veo todavía jugando con tus amigas en la calle. Recuerdo el calor de tu manita apretando la mía. Los pequeños sustos que me daba tu hombro, tus labios manchados de Nesquik, tus triciclos, tus muñecas y recuerdo todo el universo que giraba alrededor de ti. Porque en realidad eras y eres todo.
 
     Recuerdo la primera vez que nos separamos para que fueras a la universidad y pensé que este hecho sería el prólogo lógico de tu vida. Y recuerdo cómo hace unos días te ayudaba  con la maleta para que no tuvieras problemas en el aeropuerto. Una maleta donde guardaste no sólo tu ropa, sino una nueva ilusión por descubrir un mundo nuevo.
 
     Al igual que yo un día muy lejano me marché de casa, hoy te ha tocado a ti. Hay ciertas diferencias, pero básicamente el hecho es el mismo: buscarse la vida.
 
     Te has ido no sólo con una maleta y un poco de ropa, además te has ido con la juventud necesaria y los conocimientos más que suficientes para abrirte camino en un país extranjero, con una lengua conocida pero extraña, con personas que no has visto en la vida y con un horizonte brillante si lo sabes aprovechar.
 
     Desgraciadamente este país de mierda no te ha dado una oportunidad -como a otros muchos jóvenes en tu misma situación-, vas a tener que hacer lo que ya hicieron en los años sesenta tantas personas que estaban sumidas en una miseria estructural. La única diferencia es que en esos años, la mayoría de los emigrantes apenas tenían estudios y en estos tiempos la gente que estamos echando, en su gran mayoría sí los tienen.
 
     Todo el talento de nuestros hijos lo vamos a exportar, todos los esfuerzos que hicimos para que fuerais personas formadas lo van a recibir otros. Otros países van a disfrutar del capital humano que no hemos sabido o podido retener aquí.
 
 
    Sí hija, eres española y ahora no estoy muy seguro si cuando te pregunten tu nacionalidad por ahí debas responder que naciste en España. Ni siquiera te salvaría decir que eres catalana, que se tienen por muy distintos a resto de los españoles, aunque son más parecidos de lo que ellos creen, sobre todo por la corrupción, la mentira, la incompetencia y por sus políticos vomitivos.
 
     Bueno, no me hagas mucho caso, quizá estoy un poco enfadado conmigo mismo por no poder retenerte, por ver cómo te tienes que ganar la vida en tu nuevo país. Porque no lo dudes: acabas de adoptar una nueva nacionalidad. Tu pasaporte seguirá diciendo que eres española, pero en el fondo ya eres de otro sitio.
 
     Y puede que a lo mejor cuando conozcas a otros españoles en tu misma situación: vascos, gallegos, andaluces, catalanes... todos vosotros os deis cuenta en la distancia de que lo que os separa en realidad no es nada, que los políticos en su esfuerzo por tratar de diferenciar y de marcar la diferencia con respecto a otras regiones, lo que han conseguido no es fragmentar un país, sino quebrar una convivencia que ha costado mucha sangre. Cuando veas que te entiendes perfectamente con un gallego, un catalán, un vasco o un inglés, es cuando te darás cuenta de lo insignificantes que son nuestros políticos. Cuando comprendáis lo que han hecho con vosotros, es cuando quizá las cosas cambien en este país.
 
     Mientras tanto, te echo de menos, me siento un poco más vacío y un poco más solo, y no veo llegar el momento para poder hablar contigo. Por saber de ti, por saber si estás comiendo bien, por saber si terminas la jornada extenuada y por si descansas. Por saber cómo te desenvuelves en tu nueva vida. Pero no me hagas caso, a todos los padres nos tiene que pasar algo parecido y lo que más siento ahora es no haber aprovechado todos los momentos en los cuales estabas aquí.
 
     Creo que nunca te he dado muchos consejos, pero hoy quisiera, si me lo permites, darte alguno desde el fondo de mi corazón, algo que lleves siempre contigo y que te sirva para afrontar no sólo tu nueva vida, sino toda tu vida.
 
     Lo primero es que seas responsable y honrada en tu nuevo trabajo. Que nunca te desanimes por tropezar en la vida. Que seas sensata, pero sin llegar al aburrimiento. Que seas valiente -ya lo eres desde el momento que dejaste este país- para afrontar cualquier reto que te propongas y que si te enamoras, lo hagas hasta sus últimas consecuencias. Pero sobre todo, que sigas siendo tú misma.
 
     Por último me gustaría decirte que una posición ganada no te asegura un futuro. Que lo que hoy es perfecto mañana puede convertirse en humo. Que la rutina es un arma de destrucción masiva para nosotros mismos y para los demás. Que sorprender es mejor a que te sorprendan. Que regalar es mejor que recibir. Que no esperes las palabras mágicas: adelántate y dilas tú primero. Pero sobre todo no te rindas nunca, porque lo mejor de la vida está por venir.
 
     Tú y otras muchas personas como tú cambiaréis el mundo, necesitamos que nos lo cambiéis, porque de lo contrario los que aquí se han quedado lo saquearán tarde o temprano.
 
     Un beso de papá.
 
   

miércoles, 25 de septiembre de 2013

ESPAÑA



     La candidatura a los JJ.OO. para 2020 no ha prosperado. Toda España (¿?) se ha sentido
decepcionada, bueno, toda no; un grupo de irreductibles soplagaitas independentistas catalanes (y catalanas, esto lo pongo así porque gusta a más de uno y una) han brindado con champán, perdón quería decir cava, por la eliminación de Madrid. Incluso yo, casi me alegro de que no haya prosperado la candidatura madrileña. Es más, incluso un buen número de españoles han respirado aliviados de que el final de la fiesta haya sido este. Pero también es cierto que otro buen número de españoles se han sentido defraudados con este resultado: y es que, a lo mejor, España necesitaba recuperar un poco de alegría ante la vergonzante crisis que nos han creado (y que también hemos creado).
 
     Lo peor es la interiorización de la desesperanza, la concienciación pesimista (por razonable) de un futuro sin futuro (o muy recortado). Hace días escuché a un economista que nos advertía: "Los años que van desde 2000 a 2006 olvídense de que han existido, simplemente piensen que ha sido un bonito sueño".
 
     "A perro flaco todo se le vuelven pulgas". No me gustan mucho los refranes, mejor dicho, no me gustan nada, pero en este caso, España es ese perro flaco: España, como el perro, era un saco de huesos, que a la primera de cambio, en cuanto tuvo un plato rebosante de desperdicios que echarse a la boca, no tuvo otro remedio que vomitar todo lo que se había zampado. Es como en "Cañas y barro": Sangonera, vagabundo y borracho, muere de un empacho de tres pares de cojones.
 
     Sólo Ana Botella nos ha propiciado unas cuantas risas a cuenta del "relaxing café con leche". Somos imbéciles, o tontos, o gilipollas, o todo a la vez. Nos ha hecho gracia, pero no nos acordamos de que la mayoría de los españoles, incluyendo a los catalanes, no tenemos ni puta idea de inglés (ni de francés, ni de italiano...) y que si se da la catastrófica casualidad de que un turista nos pregunta por la Puerta del Sol o por la Sagrada Familia, lo único que sabemos hacer es dar voces y despistar más a dicho turista, eso sí, criticaremos, como sólo sabemos criticar los españoles, las pintas que me llevaba el guiri.
 
     España es esto y más. Somos una nación mil veces invadida y hemos sido mil veces invasores. Sabemos lo que es llevar cadenas y lo que es ponérselas a otros. A los españoles cuando nacen, en vez de un kit de recién nacidos (que no sé si con esto de la crisis los seguirán dando), nos tenían que dar un libro de historia universal (y alguno más) y cada vez que algún salvapatrias nos quisiera engañar con un compendio de victimismos, falacias, falsos héroes, falsos territorios históricos, falsos argumentos económico-fiscales y todo aquello que nos entra por donde amargan los pepinos, tendríamos que liarnos a hostia limpia hasta hacer comprender al "prenda" (que suele coincidir con la figura de un político) de que ya está bien de tomarnos por imbéciles.
 
     Estamos sumidos no sólo en una crisis económica, nuestra crisis es más profunda que la simplemente económica: es una crisis constantemente política, es una crisis de nacionalidad, es una crisis cultural y es, finalmente, una crisis de identidad. Tenemos inoculado en nuestro ADN el guerracivilismo y el odio hacia quien no piensa como nosotros. Por eso triunfa una cadena humana en Cataluña y puede triunfar en el País Vasco, en Extremadura y hasta en Dos Hermanas. Incluso
podríamos llegar a la paradoja de que el único estado europeo dentro de la Península Ibérica fuera Madrid, con el logotipo del Mahou por bandera. Cadenas, siempre las cadenas, pero ahora nos las dejamos poner. Es curioso. Y si no son cadenas, son banderas, el caso es arrancar el sentimiento nacionalista para odiar y erradicar todo lo que supuestamente es el origen del mal (Hitler VS judíos).
 
     Soy sincero, me importan tres cojones la independencia de Cataluña, su dictadura lingüística, sus políticos corruptos y millonarios, las mentiras que utilizan para medrar y para manipular la economía y a las personas y de que quieran que me sienta culpable por ser español. Soy sincero, me importan tres cojones las personas que piensan que lo español es lo mejor y lo del otro es basura.
 
     Vivimos en un gran país, pero a la vez vivimos en un país de mierda. Y esto es así porque la confluencia histórica de todas las culturas que han pasado por aquí se empeñaron en hacernos mano de obra barata e indocumentada, que interesaba que no supiéramos hacer la "o" con un canuto. Se empeñaron en que en este país se temiera más a una sotana que a una espada. Han procurado que nuestro vecino odie a nuestro vecino. Nos han inculcado que lo importante son las "30 monedas" y no lo que significaban. Podemos vanagloriarnos de toda la cultura que nos han dejado, pero no hemos comprendido esa cultura. Ni siquiera sabemos protegerla para que los planes de estudios evolucionen al ritmo del desarrollo del conocimiento, sino al ritmo político de las legislaturas. Por eso se pide la independencia en Cataluña y en Valladolid, por eso estamos en crisis, por eso tenemos los políticos que tenemos, por eso existe la corrupción estructural... por eso estamos y somos de  un país al que se tiene que poner en cuarentena.

     Aunque parezca que la crisis y la independencia sean dos cosas diferentes, lo cierto es que las dos están relacionadas. Si hace unos años no se pedía con la vehemencia que se pide ahora la independencia, no era más que porque el territorio que pretende separarse no cumplía con todos los requisitos necesarios para armar el entramado completo de una nación: tenían una lengua, una historia manipulada, una conciencia política de nación y las tradiciones singulares, es decir, existía un hecho diferencial (como en cualquier región española), pero les faltaba la disculpa económica del supuesto saqueo fiscal (pagamos al opresor más de lo que recibimos). Y la crisis les vino a los políticos como anillo al dedo: el estado centralista no sabe manejar una crisis (lo que casi es cierto) en la que si nosotros tuviéramos los recursos económicos que generamos (lo que no es cierto) hace tiempo estaríamos en una situación de crecimiento económico (aquí sólo cabe aguantarse la risa). Pero entonces hay que preguntarse si en una comunidad autónoma donde desde tiempo inmemorial no se ha perseguido a nadie por hacer uso de su propia lengua, donde las mejores obras de la literatura se dieron en los tiempos de Franco (¿a que parece mentira?), donde se impulsó la industria como no se ha hecho en ningún otro sitio de España, donde existen costumbres gemelas con otros territorios, ¿por qué quieren independizarse con esa prisa y urgencia? Porque el rédito político se acaba. Porque se acaba la confianza. Porque cada día suena un nuevo escándalo, mientras que al pueblo se le recorta y se le roba las cuatro migajas (si es que tiene la suerte de tenerlas) que se echa a la boca.

     España siempre se me representa con el "Duelo a garrotazos" de Goya. Como si este país hubiera estado enfrentado secularmente por la confrontación cainita de los "unos y los otros". Siempre dos bandos. Y es mentira, pero es muy rentable políticamente hablando. Izquierdas y derechas. También es mentira porque ya no existen. Ahora lo que hay son corporaciones, bancos, multinacionales que desde la sombra y en la comodidad del anonimato dirigen países, naciones, estados, gobiernos, jueces, presidentes y reyes. Los partidos políticos son garabatos de diseño y sus integrantes, en su gran mayoría, personajillos sin ninguna talla política comparable a la de otros dirigentes.

     Y nos tenemos que callar, porque hemos sido nosotros los que los hemos elegido. Y hemos elegido escoria, sinvergüenzas, gentuza sin escrúpulos. O a lo mejor no nos tenemos que callar, simplemente lo que tenemos que hacer es echarlos a patadas.

     Hemos necesitado una crisis para despertar del atontamiento que teníamos encima: ahora nos damos cuenta de lo que es España, de cómo son nuestros políticos, cómo todas las instituciones están copadas por ineptos e inútiles medrosos de los principales partidos, de cómo manipulan a nuestros hijos con planes de estudios para borregos y de cómo salen borregos.

     A veces pienso que he tenido mucha suerte de ser español, pero otras pienso que para esto que estamos viviendo, lo mejor sería que hubiera nacido en la tribu de los Sioux. Por lo menos no me echaría ningún catalán en cara de que soy un saqueador. O a lo mejor sí...